viernes, 16 de octubre de 2009

Las ánimas

Las Ánimas

Quizá una de las leyendas menos conocidas de este municipio es la que da origen al nombre de uno de los barrios más populosos de este lugar. “Las Ánimas”. Hace mucho tiempo, en la época virreinal, era el sitio preferido de descanso de uno de los hacendados de la zona, Don Manuel Garza de Ibangüergoytia. Era conocido que el joven hacendado gustaba de las caminatas a caballos por lo que en aquel entonces era un paraje lleno de vida y con un arroyo que cruzaba el lugar. Su afición a la naturaleza le llevaba a pasar varios días acampando en el sitio solo para observar a las aves y escuchar el ruido de los insectos. A su padre no le agradaba que su hijo no atendiera las actividades del sitio y constantemente lo reprendía. La situación llegó a ser tan grave que en una ocasión y viendo que los deseos del joven no se ajustaban a las necesidades de esa tierra, lo encarceló en una de las torres de su hacienda hasta que prometiera corregir su actitud. Los sacerdotes de la iglesia de Tepotzotlán que por aquel entonces pertenecían a la orden de los jesuitas se enteraron de dicha situación y visitaron al padre. Después de dialogar tanto con el padre como con el hijo éste último prometió que se encargaría ya de aprender sobre la administración de la hacienda pero que le dejaran pasar una última velada en su sitio favorito. Cuentan que en esa noche pasaron por el lugar unos ladrones que eran perseguidos desde lo que hoy se conoce como Cuautitlán y cuando se encontraron al joven hacendado en el sitio quisieron robarle su caballo y demás pertenencias. El muchacho se opuso al asalto y se enfrascaron en una pelea que al final lo dejó mal herido. Cuando su padre llegó al lugar solo tuvo tiempo de escuchar sus últimas palabras las cuales fueron “Padre, quizá no tenía tiempo para defender la hacienda cuando tú lo deseabas pero cuando mis servicios fueron necesarios no dudé en dar mi vida por esta propiedad". Al terminar la última palabra sus ojos se cerraron y el desconsolado padre solo cerró los ojos de su hijo. Después de esto el padre vendió la propiedad y regresó a España de donde nuca más se supo de él. Cuentan que desde ese momento y cuando la gente realiza alguna acción en contra de ese sitio se escuchan los lamentos del joven tratando de defender el sitio al que dedicó su vida.